Asociacion de Amigos del Pueblo Saharaui de Avila

Poemas saharauis


 

LUALI ABDALAHE
MOHAMED SALEM ABDELFATAH “Ebnu”
SALEH ABDALAHI HAMUDI
LIMAM BOICHA BUHA
MOHAMED SIDATI
FATMA GALIA
FATMA AHAMED ABDESALAM
ALI SALEM ISELMU
TAUFIK SALAMA
AHMED ULD SEMAMIT

MOHAMED ALI ALI SALEM

 


 

Liman Boicha

UN BESO ("Los versos de la madera")

Un beso,
solamente un beso,
separa
la boca de África
de los labios de Europa.


POLIGAMIA (“Los versos de la madera”)
No quiero hacer
arrugadas aclaraciones,
ni leer un prospecto sagrado;
tampoco quiero
hurgar en la historia de la herida.
Pero cuando veo
algunos rostros hirsutos,
más bien pienso
en otra cosa,
y digo:
esta vez hablaré claro,
rotundo.
Yo soy un hombre
que practica la poligamia,
y cuento con una ventaja:
mi religión me lo permite.
Tengo tres…
tres amantes…
y a las tres las quiero por igual.
Eso es todo,
y lo confieso en alta voz,
al amigo y al desconocido,
al vecino,
con su expresión devota,
y a Ella, mi querida aurora.
Tengo tres…
tres amantes:
Sáhara, Cuba y Canarias;
y a las tres
las quiero por igual.
 

 

Luali Abdalahe

QUINCE POEMAS SAHARAUIS

Uno

Un tumulto de voces

quiebra el silencio de la noche

mientras la ciudad duerme

ajena a las garras de la sombra,

que en la sombra,

arañan sus paredes,

desfiguran su rostro.

 

Dos

Cuando estoy solo,

sólo estoy rumiando los recuerdos

que llenaron mis brazos con tu cuerpo.

Las migajas de amor que dejó desparramada

tu ausencia en mi alma.

Cuando estoy solo,

sólo repaso los rincones

donde nuestra imaginación

retozó en el polvo de la noche

con la cómplice discreción de una duna.

Cuando estoy solo,

espero, sólo, que el siroco me devuelva

la duna a esta desolada estación

donde reconstruyo tu imagen sobre

el silencio de las piedras.

Cuando estábamos juntos,

estábamos juntos, rompiendo las

fronteras con las consignas

de nuestros besos.

 

Tres

Las miserias del mundo

yacen olvidadas bajo

el escombro de los metalenguajes.

El lenguaje con que chillan

los intestinos del sur

es un enigma en los oídos

del norte.

El monstruo de la ciudad

se comió nuestra inocencia.

La fe se estrella contra los gigantes

que rascan un cielo que no pica.

Los pequeños dioses agonizan

ante el vacío de los verbos

politizados.

Y la guerra es una proyección

del diablo que deambula como

una posibilidad en las desoladas

praderas de nuestra esperanza.

 

Cuatro

Cuando esquivo las espinas

del tiempo y me refugio en el

silencio de tu cuerpo,

sólo estoy buscando paz.

Cuando le viro el rostro

a la incertidumbre de esta

rutina, y sucumbo ante

el encanto de la memoria

de tu imagen,

sólo estoy buscando paz.

Incluso,

cuando maldigo el peso de tu nombre

sobre mis vértebras, la recurrencía

de tus horizontes en mi mirada,

el ardor de tus lágrimas sobre mis mejillas,

sólo estoy buscando paz.

 Pero cuando te mires en el

espejo del recuerdo y sólo

encuentres el jerogfico

de mis besos en tu cuerpo,

es que me he ido.

Me he ido a componer

los cristales rotos de otra

causa de amor

para la paz.

 

Cinco

TIRIS

Quiero huir del vientre

de esta noche ajena.

Dormir un sueño

sin primaveras postergadas

sin cláusulas de perdón incumplidas.

Y despertarme en tu vientre TIRIS.

Espantar la soledad con un abanico

de versos inspirados por tu inmensidad.

Vaciar mi alma en la bondad de tu alma

repasar la memoria del universo

en la poesía de tus paisajes

y escuchar en el eco de tus montañas

la gloria de tu pasado,

los ruidos de la infancia del mundo,

el galope de una caravana sobre el cristalino rostro de

tus llanuras,

y sentir la paz que los dioses cincelaron con bondad

en tu rostro,

tu rostro de mar que se le congelaron las olas.

 

Seis

AUSENCIAS

Cuando,

el día se vuelve tan sólo

un desnudo de la noche

los minutos sólo

un quimérico tic-tac de la memoria,

el éxodo un ir lento hacia

el reverso de la esperanza

duele y,

¡como duele¡

la ausencia

de tus ojos para iluminar

el alma de mañana

de tu cuerpo para llenar los rincones

donde el amor se ha vuelto mudo.

Duele y,

¡como duele¡

la falta del aire,

no de este aire apócrifo y ajeno,

sino del otro aire, el aire puro

que tú transpiras en mi ausencia

el de la vetusta esquina donde

dejamos colgados los atuendos

de un amor inmaculado.

El aire con el que le pintábamos

alas a la libertad en las paredes del viento.

 

Siete

El tiempo va, siempre va

dejando callos en las manos

de la historia.

Los años se precipitan

como perlas de un rosario

sobre la ya longeva memoria

del exilio.

La providencia talla

nuestros pasos de mañana

en un camino sin brazos,

sin flores en los bordes,

y sin ti en el horizonte.

 El tiempo va, siempre va

arrastrando las cicatrices del universo

hacia un norte aposiótico,

Los días sobrevuelan, sin ruido,

como aves de rapiña,

el techo de este hogar sin raíz

donde anida el sueño de nuestros hijos.

El tiempo va,  siempre va.

 

Ocho

Déjame creer en tí

para seguir atado a algo.

Quiero volver a ver tu rostro

en este minuto de paz,

entre este siroco que se va

y el próximo que llegue.

Asomarme a mirar este atardecer

desde el apacible amanecer de tus ojos.

Déjame pensar que

el aire de tu aliento

es el aliento de mi aire,

que la noche es un estigma

de nuestros cuerpos,

la mañana un descenso de tus brazos

y el crepúsculo, sólo

un capricho de tus besos.

Déjame seguir atado

al silencio de tu amor

para seguir amando

el dolor de tu silencio.

 

Nueve

Mi verso habla para callar

los estampidos que perforan

los tímpanos del silencio.

Acaricia tu nombre y se posa

en tu mirada cual águila herida

huérfana de inmensidad.

Mi verso busca tu historia

se junta mi memoria y tu camino

para desandar otra posibilidad de amor.

Entonces,

mi corazón late, embriagado por

la alborada de tus olores.

Persigue el rostro de tu perfume

que se diluye entre las brumas

de la muchedumbre de estos días

de mediocridad masiva.

Emerge tu rostro por entre

las carabelas de la guerra

para hacerme olvidar los

látigos del tiempo,

se antepone a otros rostros

y estira los minutos en que

dibujo tus murmullos con versos

en una hoja.

 

Diez

El verano es una estación de soledades mustias.

la tierra rinde su pleitesía ante el sol

y nuestros cuerpos, corazón de la tierra,

se tuercen mientras dura la reverencia.

El viento es una navaja afilada que destroza la tarde.

 

Once

Quiero navegar entre tus besos y mi soledad

solo, siempre solo y apartado en este camino

casi irreal.

No dejes que la luna irrumpa con su azulada luz

en la imperativa oscuridad donde se oculta nuestro amor,

quedémonos quietos ahora

para que este instante perdure siempre

y el ahora se convierta en ayer

y nuestro hoy se haga un beso eterno.

 

Doce

La esperanza levita sobre la voluntad

de las naciones,

se descarrila a veces

se endereza otras

resurge con cada alba

disfrazada del rocío

que cubre el triste rostro del exilio

o como una oración rezada en un rosario escéptico

pero se derrumba como el sueño de los lagartos

con los últimos hilos del alba

los verbos duermen en la esquina

fría donde se oxidan los cañones

la guerra es un pretérito imperfecto

de un imperativo odioso.

 

Trece

Un pájaro dibuja sus alas

en un cielo estéril.

El ruido de las olas

se esconde detrás de las rocas de la noche.

La guerra es un edema en el corazón de la patria

y un fusil se muere oxidificado.

La paz se estrella contra los ojos del viento

y el canto de las golondrinas

se hunde en la fragilidad del espejismo.

La esperanza levita en la otra pradera del sueño

y la añoranza dibuja un país con costas en

la memoria de mañana.

La anciana esperanza sigue ordeñando

el tiempo en los cántaros de la paciencia.

La frivolidad de los minutos que ya son pretérito

hace que las aguas del rocío se evaporen antes

de mojar los labios del amanecer.

  

Catorce

Un niño mira hacia el horizonte

buscando la silueta de una alegría

de pronto la diáspora del siroco

el polvo endiablado, la tierra sádica,

vengativa, arremete contra la inocencia

de sus pupilas

se pierde entre la incertidumbre

de los gritos del viento

se vuelve desolado, aposiotico

hacia los brazos de su madre

a esperar que se calme la furia del

Universo.

Mañana volverá a buscar la silueta de otra alegría.

 

 Quince

DÍAS Y DÍAS

Hay días en los que

duelen las pisadas del tiempo,

días en los que el mar parece

la lagrima de un dios melancólico,

el desierto una cicatriz

en las costillas de la tierra,

y el sol una lluvia de brasas.

Días en los que la esperanza se

cruza de brazos.

Pero hay días en los que

el tiempo es solo una sonrisa

que vuela,

días en los que se me antoja

diluir en una paleta todos los colores

del arco iris,

hacer un pincel de las plumas de una nube,

pintar un mundo sin eje y con varios polos,

y jugar a los dados con las esquinas cardinales.